La respuesta soberbia del obispo de Gasteiz

27/12/2021
No sólo es desconsoladora la respuesta de la Diócesis, que una vez más desaira a las víctimas del 3 de Marzo, sino que las formas dejaron también mucho que desear, siendo más parecidas al ordeno y mando de otras épocas.
Juan Ibarrondo
Escritor y activista de Memoria Gara

Carta abierta al Obispado de la Diócesis de Vitoria

 

El sábado 11 de diciembre a las 11 de la mañana, nos reunimos junto a la iglesia de San Francisco un grupo de doce personas de distintas disciplinas como la Museología, las Artes Plásticas, La Historia, La Arqueología, La Arquitectura, Audiovisuales etc. junto a un puñado de activistas de la plataforma Memoria Gara y La Asociación 3 de Marzo.

Se trataba de personas muy relevantes en sus diferentes disciplinas, dispuestas a colaborar de forma desinteresada en la resignificación de la iglesia donde tuvo lugar la masacre del 3 de marzo 1976 para convertirla en un centro memorial. Algunas de ellas eran expertas con cargos de responsabilidad o destacada trayectoria profesional, pero acudían al encuentro –sobre todo– en calidad de vitorianas y vitorianos, para arrimar el hombro en un proceso, que superando dificultades, va tomando forma poco a poco.

La jornada del sábado fue un paso importe, que añade calidad y excelencia a este proceso participativo de largo aliento.

Sin embargo, estas personas no pudieron llevar a cabo de forma del todo satisfactoria su labor, pues el Obispado (a través de la Fundación San Francisco) denegó la entrada al templo con una excusa peregrina: el empaquetado de la exposición permanente de belenes que serán trasladados a otra ubicación, algo que –según dicen– impide cualquier actividad durante los meses en que se realice.

Algo extraño ya de por sí y que todavía es más incomprensibles si tenemos en cuenta, que durante la hora larga que duró la visita (que finalmente tuvo que realizarse en el pequeño espacio –un 3% del total– que dispone Martxoak 3 para finalizar las visitas guiadas) no hubo en el interior de la iglesia ninguna actividad de empaquetado ni nada similar, ni había en el interior ningún operario, ni se le esperaba.

Además, cuando tratamos de ponernos en contacto con el Vicario de la Diócesis, se nos dijo que hiciéramos una solicitud por escrito, algo que hicimos explicando que se trataba de una visita corta en el tiempo, con un grupo reducido y cerrado de personas, que si lo estimaban conveniente podrían abrir la puerta y acompañarnos, que la considerábamos muy importante… incluso, para agilizar el tema, se mandó un wasap al propio Obispo, que nos remitió a la contestación de la Fundación San Francisco.

La negativa –también por escrito– fue tajante y todos los intentos de explicarnos o de buscar mediación a través del Ayuntamiento fueron en vano, así como ponernos en contacto telefónico con la Fundación San Francisco, que nos remitió de vuelta al Vicario de La Diócesis, con quien no pudimos ni siquiera hablar.

De modo, que no sólo es desconsoladora la respuesta de la Diócesis, que una vez más desaira a las víctimas del 3 de Marzo, sino que las formas dejaron también mucho que desear, siendo más parecidas al ordeno y mando de otras épocas que al diálogo y la idea de Iglesia refugio que se promueve desde la Santa Sede.

Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria, en las entrevistas con los medios, suele distinguir en la relación que tiene con las instituciones implicadas en el Memorial y las que tiene con las asociaciones, que –asegura– son «de parte» y que por tanto defienden los intereses de sus asociados, refiriéndose así –de forma muy poco delicada– a la asociación que agrupa a víctimas y allegados de la masacre del 3 de marzo.

Ignoro si él considera La Iglesia Católica como una Institución o como una asociación que cuida los intereses de sus socios, también, por cierto, en asuntos económicos e inmobiliarios.

En cualquier caso, yo, sin ser creyente pero con cierta formación católica, me permito recordarle que en casi todas las listas de pecados, la soberbia (la superbia latina o la hybris griega) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es la principal fuente de la que derivan los otros.

Por eso, desde el respeto, también a su confesión religiosa, que no comparto pero con la que me unen vínculos personales y familiares, le instaría a practicar más la humildad y el diálogo, así como a una mayor sensibilidad con las víctimas de una masacre que la mayoría de vitorianas y vitorianas llevamos grabada de forma indeleble en nuestra memoria colectiva.