La memoria ensombrecida

25/02/2017
Interesante reflexión interna en EGI ante la inminente apertura en Gasteiz del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo.

Deia.- 2017.02.24

POR ALEXANDER ZAPIRAIN 

ESTE escrito nace de una reflexión interna en EGI a partir del análisis de varias informaciones publicadas en las últimas semanas. El Correo del pasado 29 de enero se hizo eco de la inminente apertura del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo en Gasteiz, el cual tendrá como principal elemento expositivo una réplica del zulo donde estuvo cautivo José Antonio Ortega Lara. En dicha noticia se reproducen las palabras del responsable museístico del Centro, quien al referirse a otras instituciones que habían servido como fuente de inspiración, afirma que “del Museo del Ulster sacamos en claro cómo no hacerlo”. Acto seguido, añade que el modelo a seguir son los diferentes centros sobre el Holocausto. Esta noticia vino precedida por el anuncio del PP de no participar en la Ponencia sobre Memoria secundada por el resto de partidos representados en el Parlamento Vasco.

Queremos mostrar nuestra preocupación por la deriva que pueda tomar un asunto de vital trascendencia como este para el devenir de nuestro país. Somos conscientes de que el relato de la memoria que se construya en la actualidad será probablemente la verdad del mañana. Es por ello que el relato no debe ser entendido tan solo como un ejercicio de reparación, sino también como elemento transmisor de experiencias y conocimiento entre nosotros y las generaciones futuras.

En nuestra opinión, el Centro para la Memoria previamente aludido es el ejemplo de lo que no debe ser un proceso de construcción del relato de la memoria. Un centro promocionado por el Ministerio del Interior, sin atender a consensos y, como parte implicada, falto de pluralismo. Además, tal y como públicamente han manifestado, el modelo que plantean es el de los museos del Holocausto. Un modelo de memoria que solamente atiende un factor del pasado: las víctimas del terror de ETA. El modelo elude el espacio temporal previo a la creación de ETA y obvia o presenta de forma aislada y sin interrelación la existencia de las violencias multilaterales: la represión franquista, ETA, el Batallón Vasco-Español, los GAL, el Estado, etc. Es decir, todas las partes que en algún momento reaccionaron a la violencia del otro.

Nos queda claro el porqué del rechazo al modelo del Museo de la Memoria del Ulster, ya que en él una de las exposiciones que más destaca es la cuantificación de las víctimas causadas por todos los que en algún momento usaron la violencia durante una etapa de la historia y en respuesta a la del prójimo. De esta manera, demuestran a la sociedad que una vez se asume la vía de las armas, el final es incontrolable; que la violencia genera nueva violencia y que esta es un cáncer rápidamente contagioso y de fácil recurso. Sin embargo, en el museo del Holocausto es evidente que la paranoia y la enfermedad son el único entorno en el que surgen el terror, la barbarie y los sentimientos de lesa humanidad. Además, no existen “partes” del conflicto ya que los perseguidos nunca pudieron reaccionar al exterminio perpetrado por los nazis. Es decir, no existió conflicto porque no hubo diversidad de agentes ni hubo escenarios de acción-reacción bilaterales ni multilaterales.

El Estado pretende adelantarse al consenso de la sociedad vasca manufacturando un relato que elimine de la conciencia colectiva el tracto sucesivo de los acontecimientos históricos de este país. Consideramos esta iniciativa como un reflejo más de la estrategia de imposición que caracteriza al proceder del Gobierno actual de Madrid. No permitir que otros avancen hasta quedar como el único jugador de la partida. El elogio a la parálisis de quien a falta de argumentos, se sabe en posesión del poder y la fuerza. El Partido Popular es consciente de que cuanto menos se haga aquí y más se calcifiquen los trabajos de elaboración de la memoria, mayor será el alcance y la repercusión del mensaje retransmitido por los “vencedores” a través de sus poderes mediáticos.

Presentar la violencia y el terror de ETA es tan necesario para nuestra sociedad como hacerlo juntamente con su contexto de génesis de espiral de violencia, de su todavía si cabe peor evolución y de su final, ya que de la historia debemos aprender qué es lo que no debe ocurrir ante situaciones similares que nos presente el futuro. Flaco favor harán quienes interesadamente interpreten que presentando la historia en su totalidad se esté justificando episodios de la misma, ya que estarán demostrando miedo a que la propia historia no sea enseñanza suficiente para nuestro porvenir.

Claramente, ETA no fue consecuencia del antisemitismo o de un fanatismo religioso: es una obviedad historiográfica que ETA surge como consecuencia de la opresión de una estructura de Estado fascista y represiva. Y una de las mayores conclusiones de este trágico génesis es “que la violencia únicamente genera más violencia”. Sería inasumible, especialmente para las propias víctimas del conflicto, que se trate de utilizar la deslegitimación de la violencia y su reparación para colateralmente aprovecharse y retocar la historia de un conflicto que va más allá de la existencia de ETA, dando carpetazo obiter dicta a una causa pendiente que el Estado todavía no se ha decidido a afrontar.

La evolución de la concatenación de hechos y la sinrazón de la violencia, venga de donde venga, debe ser analizada en su conjunto y rechazada multilateralmente, enseñando a las futuras generaciones que cuando los conflictos derivan en respuestas violentas lo único que generan es más violencia. Si únicamente se deslegitima una de las violencias dentro de una espiral, podría parecer que algunas fueran las justas y otras, no.

Esta historia de nuestro pueblo es la muestra de que solo el diálogo, el pacto y el consenso democrático son las respuestas válidas a los choques humanos. No desaprovechemos esta oportunidad ya que la historia difícilmente perdonaría a los que intenten manipularla.

Por todo ello, pedimos valentía al Gobierno vasco para que, manteniendo una coherencia en su línea de actuación, escuche el mandato de las urnas y prosiga, sin atender a vetos, en la consecución de la paz. El pasado septiembre, la ciudadanía vasca expresó sin ambajes que quiere avanzar en la consolidación de la paz y la convivencia mediante una memoria colectiva y justa. Una paz integral que tenga como objetivos el final ordenado de todas las violencias reminiscentes, la conformación de una memoria colectiva basada en el consenso, y el avance para la resolución democrática del conflicto político que azota a nuestro país desde hace más de siglo y medio.

Con todo, desde EGI reclamamos al Gobierno vasco que no participe, colabore ni legitime iniciativas no encauzadas desde el ámbito del acuerdo parlamentario y que priorice y acelere el proceso de elaboración de una memoria basada en un amplio consenso.