El juez de "todo es ETA", Garzón, no es la mejor opción para presidir la Comisión de la Verdad
Una cuestión de "dignidad frente a un pasado infame": dudas y certezas sobre la nueva Comisión de la Verdad
Excavación de la fosa común en Víznar (Granada). Álex Cámara / Europa Press04/5/2023Álex Cámara (EP)Madrid-
Público
El "ruido político y mediático" generado por la designación de Baltasar Garzón como presidente de la Comisión de la Verdad no sorprende al historiador Julián Casanova, convencido de que ya es hora de que España afronte la violación de los derechos humanos durante la guerra civil y el franquismo.
"Es una cuestión de dignidad de la democracia respecto a un pasado infame", explica el miembro de la Comisión, integrada por Helen Duffy, Araceli Manjón-Cabeza Olmedo, Manuel de la Rocha Rubí, María Alejandra Vicente, Silvina María Romano, Sebastián Martín, Francisco Erice y Cristina Monge, así como por diez vocales.
¿Llega tarde, con los victimarios fallecidos, sin posibilidad ya de pedir perdón? "La Comisión de la Verdad nunca va a sentar a nadie en el banquillo", como sucedió en Argentina, deja claro el autor de España partida en dos. "Posiblemente ha tardado mucho", reflexiona, aunque la inhabilitación de Garzón bloqueó su intento de investigar los crímenes del franquismo.
Consejo de la Memoria Democrática
La composición de la Comisión de la Verdad ha sido aprobada por el Consejo de la Memoria Democrática, en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática, y su creación se enmarca en el desarrollo del Real Decreto 265/2025. "Nace con un problema de legitimidad por no haber pasado por el Congreso", cree Emilio Silva.
Según el presidente de la ARMH, "no es lo más apropiado, supone un riesgo y puede que responda a un interés político". ¿Cuál? Encontrar una "batalla" en el caso de que un nuevo Gobierno de derechas eliminara la Comisión de la Verdad. Sea como fuere, a su juicio su vulnerabilidad sería responsabilidad del Ejecutivo por haberse demorado tanto.
Julián Casanova advierte de que un Gobierno conservador podría anularla, aunque no le causaría ninguna sorpresa con el historial de Vox y las leyes de memoria democrática. "Evidentemente, si llegan al poder vamos a avanzar muy poco", concluye el historiador, quien insiste en que reconocer a las víctimas es una obligación moral de la democracia.
